Néstor Verde

Situaciones

Lo que suele estar pasando cuando me llaman.

Situaciones que se repiten en empresas que no se parecen en nada. Para cada una: cómo se reconoce, qué está pasando por debajo y qué puede hacer una dirección al respecto. Sin jerga y sin vender nada.

Situación 01

Dependes de un proveedor y no sabes cómo salir

Cómo se nota

Las facturas suben sin que cambie el servicio. Los plazos se alargan y ya nadie los discute. Cuando pides un presupuesto a otro, no sabes ni qué pedirle, porque nadie de tu casa sabe explicar qué hace exactamente el sistema. Y en el fondo de la cabeza hay una frase que lo resume: si estos nos dejan, no sé qué hacemos.

Qué está pasando de verdad

No es que el proveedor sea malo. Es que has comprado un servicio en lugar de comprar un activo. Lo normal es que el contrato hable de horas y de disponibilidad, y no diga nada de las tres cosas que determinan si puedes irte: dónde está el código fuente, quién puede operar el sistema y en qué formato recuperas tus datos.

Un proveedor razonable no se opone a eso. Uno que sí se opone te está diciendo algo importante.

Qué hacer

  1. Pide hoy tres cosas por escrito: una copia del código fuente y de la configuración, un volcado completo de tus datos en formato estándar, y la documentación mínima para que otro equipo lo arranque. No es un gesto hostil, es higiene. La respuesta te dirá en qué situación estás de verdad.
  2. Pon número a la dependencia. Qué porcentaje de tu operación pasa por ese sistema, cuánto te cuesta al año y cuánto costaría pararlo una semana. Sin esa cifra la conversación es emocional.
  3. Recupera una pieza, no todas. Salir de golpe es caro y arriesgado. Elige la parte más independiente, pásala a otro proveedor o a tu equipo, y comprueba si el conjunto aguanta. Cuando hayas salido de una, ya sabes salir de las demás.
  4. Negocia desde ahí, no antes. Con el código en tu poder y una pieza fuera, la renovación del contrato es otra conversación.

Cómo saber si va en serio

Tienes el código y los datos en tu poder, no prometidos. Alguien de tu casa ha arrancado el sistema sin llamar al proveedor. Y en la siguiente renovación, el precio lo pones tú sobre la mesa.

A los proveedores buenos se les cuida y de los malos hay que poder salir. Si no puedes hacer ninguna de las dos cosas, el problema no es el proveedor: es cómo contratas.

Situación 02

Tu equipo pide dinero para arreglar algo que funciona

Cómo se nota

Vienen con palabras que no significan nada para ti: deuda técnica, refactorizar, migrar la base. Piden meses de trabajo y presupuesto para algo que, desde donde tú lo miras, lleva años funcionando. Y cuando preguntas qué pasa si no se hace, la respuesta es vaga.

Qué está pasando de verdad

Casi siempre tienen razón en el fondo y la están explicando fatal. Lo que ven ellos es una pieza que cada mes aguanta peor, que solo entiende una persona, o que impide hacer lo siguiente que les vas a pedir. Lo que te están pidiendo no es mantenimiento: es seguro contra algo que todavía no ha pasado.

El problema es que te lo cuentan en su idioma. Y en su idioma no hay nada que puedas aprobar.

Qué hacer

  1. Haz una sola pregunta, y en estos términos: qué pasa si no hacemos nada, cuándo pasa, y cuánto cuesta el día que pase. Si no saben responder, todavía no es un proyecto, es una intuición. Que vuelvan con los números.
  2. Exige el riesgo traducido. "El sistema de pedidos depende de una librería sin mantenimiento desde 2019; si deja de funcionar, no entran pedidos online y son el 30% de la facturación" es una frase que tú puedes decidir. "Tenemos deuda técnica" no lo es.
  3. Busca el coste que ya estás pagando. La deuda rara vez es un riesgo futuro y nada más. Suele estar costándote ya, escondida en plazos que se alargan y en incidencias repetidas. Pide que lo midan durante un mes.
  4. Págala a trozos, nunca de golpe. Reserva un porcentaje fijo de la capacidad del equipo, un día a la semana, para esto. Un proyecto de seis meses para arreglar lo invisible nunca sobrevive a la primera urgencia.

Cómo saber si va en serio

La petición viene con una cifra de riesgo y una fecha, no con adjetivos. Hay una parte reservada del calendario que se respeta. Y a los tres meses puedes señalar qué incidencia concreta ha dejado de ocurrir.

Nadie paga por arreglar algo que funciona. Pagan por reducir un riesgo que entienden. Traduce la deuda a riesgo y a dinero, o no la venderás nunca.

¿Te suena alguna de estas?

Cuéntame cuál y en qué empresa, en un par de líneas. Te digo cómo lo abordaría yo y si puedo aportar algo.